The big city and its magic

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Bogotá, La Gran Urbe….. y su magia
“Agosto en la capital es su mes emblemático: la claridad del aire y una preciosa luz rosada atraen fotógrafos extranjeros frente a los cerros tutelares. Es también el mes más alegre, que matiza el aire de colores”.
Jaime Jaramillo Escobar (X-504)
Bogotá es una ciudad que puede interesar a diversos tipos de turista: al amante de la naturaleza, al de la historia, a quien, en sus cercanías, busca aguas medicinales, y también al simple observador… y al soñador.
Lo que pasa es que hay cosas que no se dicen de esta ciudad (por fortuna se habla ahora mucho de la red de ciclorutas y un poco menos de la red de bibliotecas públicas, algunas de ellas espléndidas construcciones arquitectónicas).
Pero definitivamente hay cosas de las que no se habla. Pocos saben, por ejemplo, que hay fotógrafos extranjeros atraídos por la preciosa luz rosada que muestran los cerros orientales de la ciudad, particularmente en el luminoso mes de agosto. Tampoco es habitual hablar de la paz espiritual que puede dar la visita al Jardín Botánico “José Celestino Mutis” o al Parque Central Simón Bolívar. En este último, el visitante puede encontrar no solo un lago y una espléndida vista de Monserrate y Guadalupe, sino encontrarse con pájaros muy típicos como el diminuto copetón −de precioso gorjeo y llamativas rayas cafés sobre el dorso negro− o los mirlos, o con plantas también muy características como el saúco, los sauces, los alcaparros, los magnolios, los carboneros.
La historia de Bogotá (Bacatá, en lengua de los muiscas) es un poco más conocida, pero conviene recordarla, subrayando el carácter de nación pluriétnica y multicultural que tiene Colombia. La ciudad capital guarda en su cercanías vestigios de los primitivos que ocuparon Colombia hacen unos 12 mil años, como queda claro a quien visita las Piedras del Tunjo, en Facatativá, una población ubicada a 36 kilómetros de Bogotá y cuyo nombre muisca −pueblo indígena que encontraron a su arribo los españoles− significa “Cercado fuerte al final de la llanura”. Como se ve, el nombre en español guarda un significado indio, y el mestizaje –lingüístico, en ese y muchos otros nombres− también se aprecia en los rostros de los bogotanos.
Monserrate y Guadalupe están ligados tanto al pasado muisca, como a la conquista y a la colonia españolas. Monserrate y Guadalupe eran, para los muiscas, sitio sagrado de adoración al sol. A su llegada los españoles encontraron que “idolillos cubiertos de oro brillaban en las alturas”, cuenta Elisa Mujica. En las faldas de estos dos cerros tuvo origen la ciudad de la conquista española, de la colonia y de los primeros años de vida republicana. Quizá algunos de los que recorren con simpatía las calles del barrio colonial de La Candelaria puedan esperar ver, como el poeta nacional José Asunción Silva, asomados al balcón de alguna de estas casas “la cabeza severa/ de algún oídor, o los oscuros ojos/de una dama española/ de nacarada tez y labios rojos”, venida de Andalucía.

Notas de interés

Museo Nacional de Colombia
El Museo Nacional de Colombia ubicado en la Carrera séptima con calle 28, en el centro de la ciudad, en la antigua Penitenciaría de Cundinamarca, exhibe instrumentos, obras y objetos que recrean la historia de nuestro país.

Museo Botero
Esta colección fue donada en el año 2000 por el artista universal de las “gordas”. De este modo, hizo accesible, a toda la población bogotana y a los visitantes, 85 obras de algunos de los más representativos creadores de la historia del arte de fines del siglo XIX y principios del siglo XX (están ahí obras de Corot, Degas, Toulouse-Lautrec, Picasso, Dalí, entre otros) y 123 obras entre dibujos, acuarelas, óleos, pasteles y esculturas del mismo Fernando Botero.